En varias columnas anteriores he comentado acerca de la percepción que generalmente buscan crear actores políticos, a través de medios de comunicación, redes sociales, plataformas digitales e influencers.
Así también mencioné que el reciente triunfo arrollador de Donald Trump era más que esperado, pero la percepción que medios, portales y celebridades crearon alrededor de una supuesta alza en simpatía electoral de Kamala Harris, lo volvieron “sorpresivo”, por decirlo de alguna manera.
Este fenómeno, que con seguridad es materia de estudio de los politólogos, sociólogos y estrategas políticos, en la práctica se traduce en una suerte de irrealidad paralela a la realidad, que pretende sustituirla para convencer a propios y extraños.
Al puro estilo de la película The Truman Show, protagonizada por el genial Jim Carrey, se trata de toda una estrategia muy bien orquestada y financiada, tendente a hacer aparentar la irrealidad como real.
Esta es una práctica generalizada ya en el mundo, con éxito en ciertos casos y estruendosos fracasos en otros, como en el caso de las recientes elecciones de EE. UU.
Hago esta explicación para conectarla con el momento político electoral que vive Ecuador, pues, el oficialismo y el correísmo, por diferentes motivos, han desplegado una poderosa campaña para posicionar la percepción de que solo existen dos candidatos presidenciales con posibilidades para ganar las elecciones de 2025.
Los primeros, para intentar consolidar el voto anticorreísta, que en gran medida pudiera estar decepcionado por las dificultades de este primer año de gobierno, y la pesada carga de ya no ser nuevo ni outsider ni cambio. Y los segundos, convencidos de que al único candidato que pueden vencer en segunda vuelta es al presidente.
Lamentablemente para ambos, esta ola de percepción posiblemente cale en los ecuatorianos que tienen tiempo y energía para escuchar, analizar, discutir, profundizar, elucubrar y decidir. Para quienes tienen acceso a cubrir sus necesidades básicas; quienes comen tres veces al día y pueden asegurarle a su familia salud, educación y seguridad, dentro de lo que la realidad del país lo permite.
Pero el 90 % del Ecuador, que es el que siempre elige al presidente, decidirá metiéndose las manos a los bolsillos, revisando su refrigeradora y meditando sobre si su calidad de vida ha mejorado o empeorado en este último año.
No tengo la menor duda, que los males que vive el país no llegaron con el actual gobierno; ni tengo la menor duda de los grandes esfuerzos que se hacen desde Carondelet para combatirlos, pero la realidad es que seguimos mal y ello no es cuestión de percepción, de videos o de analistas radiales, o de publicidad positiva, sino de lo que el ecuatoriano vive cada día.
Y casi siempre los gobiernos en cualquier lugar del mundo, justo o no, suelen ser culpados por todos los males de la patria.
El cambio como necesidad vital
Por ello, desde esta columna sostenemos que tendremos “sorpresas” en estas elecciones y que, así como Daniel Noboa irrumpió 10 días antes para colarse en la segunda vuelta y luego llevarse la Presidencia, es muy probable que llegue un outsider que repita la historia el 9 de febrero. (O)