Rusia reavivó recientemente los temores sobre la posibilidad de una guerra nuclear. Un conflicto de este tipo sería catastrófico para la Tierra, pues la magnitud de los proyectiles podría causar 90 millones de muertos en tan solo horas.

Pero además de los fallecidos por las explosiones iniciales, una guerra nuclear entre Rusia y EE. UU. posteriormente desencadenaría una hambruna mundial que acabaría con casi dos tercios de la población mundial, que anda en los 8.000 millones.

Actualmente nueve naciones controlan más de 13.000 armas nucleares. Ninguno de estos países se encuentra en América Latina.

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Únicamente en dos ocasiones se han utilizado bombas atómicas sobre la población. Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki fueron ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón.

Estos ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente, lo que contribuyó a la rendición de Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se estima que estas bombas mataron a 246.000 personas: 166.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki. De esta cifra, la mitad falleció en los días de los bombardeos, el resto murió después por lesiones o la radiación.

La posibilidad de una guerra nuclear creció durante Guerra Fría, al punto de que la reina Isabel II tenía listo un discurso para anunciar a sus súbditos la trágica novedad, que afortunadamente nunca se dio. En la actualidad los temores han resurgido tras las amenazas de Vladimir Putin, en medio de su invasión a Ucrania.

Las bombas nucleares son catastróficas al extremo. En todo caso, hay que tomar en cuenta que las bombas Little Boy y Fat Man que se arrojaron sobre Hiroshima y Nagasaki tenían potencias de 16 y 25 kilotones, respectivamente. Es decir, mucho menos potentes que la Bomba del Zar, de 50 megatones (entre 2.400 y 3.000 veces más poderosa que los artefactos lanzados en Japón).

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En décadas pasadas se realizaron muchas pruebas sobre la capacidad explosiva de las bombas atómicas o nucleares. Pero ahora, con la tecnología actual, se puede comprobar cuál sería el alcance del impacto en las diversas zonas del mundo.

Esto es posible gracias a una herramienta creada por la fundación Outrider, organización de medios sin fines de lucro que brinda análisis y opiniones sobre seguridad, políticas y justicia social. En todo caso, si bien puede dar una idea del impacto que causaría una bomba nuclear, este no es un instrumento de precisión.

El simulador permite elegir la localización y el tipo de bomba y arroja resultados sobre el número de víctimas mortales, el número de heridos, el radio de calor que generaría la detonación del arma, el alcance de la ola de impacto, el radio máximo de la bola de fuego y hasta dónde se expandiría la radiación generada.

De esta manera, se puede observar el resultado si una Bomba Zar, creada por la Unión Soviética, explotara sobre Guayaquil o Quito, por ejemplo.

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Según este simulador, una explosión así en el Puerto Principal y sus alrededores dejaría 2.426.527 personas muertas, y habría 307.031 heridos.

La explosión generaría una bola de fuego de 113,31 kilómetros cuadrados. Además, el radio de calor sería de 8.289,25 kilómetros cuadrados, lo que ocasionaría quemaduras de tercer grado graves o fatales a cualquiera dentro de este radio. Así también, la onda de choque llegaría a ser de 893,65 kilómetros cuadrados, presión suficiente como para destruir la mayoría de los edificios.

En todo caso, de aquellos que sobreviven al calor y la onda de choque, del 50% al 90% podrían morir horas o semanas después, debido al envenenamiento por radicación. (I)