El nivel de contaminación atmosférica de una ciudad puede contribuir en la incidencia y agravamiento de las enfermedades respiratorias, entre las que se incluye el COVID-19, según estudios. La calidad del aire influye en la salud, igual que otros factores como la densidad poblacional (personas aglomeradas en espacios pequeños) y un sistema sanitario deficiente.

Un estudio reciente en Estados Unidos encontró que cuanto más es la exposición a factores de contaminación en el ambiente, mayor es el riesgo de que se agrave el coronavirus. En Ecuador los resultados de análisis de la calidad del aire no son alentadores.

Este se mide con la cantidad de material particulado fino que hay en cada metro cúbico de aire, es decir, concentración de PM2.5 microgramos (la millonésima parte de un gramo) o menos (ug/m³). Así se abarca a los patógenos que al ser livianos y pequeños pueden ingresar al organismo y enfermar.

“Cada pequeño aumento (ug/m³) en la exposición a largo plazo a las PM2.5 se asoció con más del triple de probabilidades de recibir ventilación mecánica y el doble de probabilidades de permanecer en la Unidad de Cuidados Intensivos debido al COVID-19”, indica la investigación estadounidense.

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Rasa Zalakeviciute, docente de la Universidad de las Américas (UDLA) con sede en Quito, refiere estudios que señalan que “el aumento de solo 1 μug/m³ en la exposición a PM2.5 se asocia con un incremento del 8-9 % en la tasa de mortalidad del COVID-19”.

Las cifras del viernes pasado indican que en Ecuador las provincias de El Oro, Manabí, Santo Domingo de los Tsáchilas, Tungurahua, Pichincha y Santa Elena tienen las mayores tasas de mortalidad por COVID-19. Estas concentran más de la mitad del total de fallecidos confirmados y probables que suman 30.797, según el lugar donde residían. En ellas hay entre 30 y 20 muertes por cada 10.000 habitantes, debido al virus.

El infectólogo Washington Alemán afirma que si bien la calidad del aire puede influir en una alta tasa de mortalidad de COVID-19, esto depende de múltiples factores. “Lo más probable es que el punto principal sea el sistema sanitario que ofreces a los pacientes, que es más débil en las ciudades pequeñas del país”.

Sin embargo, agrega Alemán, está comprobado que la calidad del aire está relacionada con cualquier infección producida por gérmenes que se transmiten por la vía aérea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un nivel máximo de hasta 10 ug/m³ de PM2.5, pero en varios puntos donde se mide en Quito y Guayaquil se incumple este parámetro.

La legislación nacional es más laxa y permite hasta 15 ug/m³. “En Quito a largo plazo estamos con contaminación promedio PM2.5 de 17 ug/m³ (antes de la pandemia), son 7 ug/m³ más que los niveles saludables que recomienda la OMS”, asegura Zalakeviciute.

Los puntos más críticos son la zona de El Camal, en la que se sobrepasó el parámetro nacional, y Guamaní, Carapungo, Centro, Belisario, Cotocollao y valle de los Chillos, lugares en los que se superó el límite recomendado por la OMS, según la medición del 15 de mayo último. Solo en San Antonio y Tumbaco se registró una cantidad menor a 10 ug/m³.

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En la capital se hacen mediciones periódicas desde el 2003, ya que al ser una ciudad que está sobre los 2.800 metros sobre el nivel del mar sufre del fenómeno de inversión térmica, dice Gladys Rincón Polo, coordinadora de maestría en Cambio Climático de la Escuela Superior Politécnica del Litoral. “El viento se mueve horizontal y vertical. El último es el que permite el movimiento del contaminante hacia las alturas: cuando va subiendo y se topa con una bolsa caliente de aire que, se convierte en un techo y hace que el aire contaminado se devuelva a la superficie”.

Lo contrario en Guayaquil, que al estar al nivel del mar, recibe la brisa que ayuda a disipar la contaminación, añade.

Otro cantón con alto nivel de esmog es Santo Domingo, epicentro de tráileres y buses entre Quito y Guayaquil, dice Zalakeviciute. “Es un parque automotor que en el 50 % usa diésel, el principal productor de partículas finas respirables”.

El impacto en la salud en una ciudad contaminada se explica con lo que ocurre en los lugares cerrados en los que el aire es menos puro. Alemán afirma que esto se da porque hay más concentración de dióxido de carbono (CO2). “Se debería implementar los aparatos para medir la calidad del aire en interiores”, indica el especialista.

Esteban Ortiz, médico investigador de la UDLA, enfatiza que se debe entender la diferencia entre asociación y causa. “La contaminación a largo plazo en las ciudades se asocia a irritación de la vía aérea, a mayor exposición al ruido y son un sinnúmero de factores que deterioran la salud, en la parte emocional y física”. La polución del aire está asociada también a la densidad poblacional, allí hay más casos debido a la facilidad de transmisión del virus, añade Ortiz.

Alemán agrega que los altos niveles de esmog de una ciudad sí son un medio indirecto para que la molécula del COVID-19 se pegue y aumente su nivel de transmisión. “La lucha en este momento se llama aerosoles. Hace año y medio la prioridad era evitar el contacto directo, que es importante, pero igual hay la transmisión de aerosoles, por eso es necesario mejorar la calidad del aire”.

Los aerosoles, explica Alemán, son partículas que quedan suspendidas en el aire. “Al inicio se hacía énfasis que la transmisión era por las gotas al toser, es decir, el virus caía porque era pesado y contagiaba al que las recibía al estar a menos de 2 metros de distancia del portador, pero investigaciones europeos indican que en lugares cerrados, no cae, se queda suspendido en el aire”.

Lo grave es que incluso se puede dispersar con el aire acondicionado y quedar suspendido minutos y horas. “Allí está la explicación de familias enteras fallecidas. Con abrir las ventanas ya luchas contra los aerosoles porque creas una corriente de aire y facilitas que el virus caiga. Los aerosoles son ahora la principal causa de transmisión del COVID-19”.

La recomendación, dicen los expertos, es abrir todas las puertas y ventanas durante al menos 15 minutos al día.

En el exterior es igual. En una ciudad contaminada las masas de aire se quedan estancadas sin corrientes de aire que las disipen. “Con esmog se corre más riesgo de que el virus se quede suspendido en el aire y que alguien lo respire y se infecte ampliando el margen de acción”, asegura Alemán.

Una alta tasa de incidencia y de mortalidad del COVID-19 puede corresponder, además, al número total de personas que se someten al análisis. Cada provincia tiene distintos niveles de esfuerzos de búsqueda.

“Hay que construir ambientes saludables. Lo primero que debe hacer el Gobierno es entender que la salud pública va más allá de la enfermedad. Esto tiene un componente fundamental que es la promoción y prevención, lo que va de la mano de una buena calidad de aire, de la siembra de árboles para filtrar la contaminación, de la cantidad de oxígeno que se puede producir en una ciudad contaminada”, sostiene Ortiz.

Ser de la tercera edad y una persona fumadora puede reducir la sobrevivencia en la Unidad de Cuidados Intensivos

Hay estudios epidemiológicos desde la segunda mitad del siglo pasado en los que se comprobó que la incidencia sobre la mortalidad, morbilidad e ingresos a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) se incrementan cuando suben los niveles de material particulado, que tiene diferentes tamaños, y es el contaminante que más se mide para controlar la calidad del aire, dice Gladys Rincón Polo, profesora de la Espol.

Los asmáticos, los niños pequeños y los ancianos son los que más sufren los efectos agudos. “Al final se terminan muriendo hasta de un infarto, bronquitis, neumonía o pulmonía”, señala la especialista.

Pero también hay un efecto crónico, dice Rincón. “Si vives continuamente en una ciudad contaminada vas dañando poco a poco los pulmones. Si entras a UCI y eres una persona de edad, fumadora, con los pulmones dañados a través del tiempo, es lógico que el cuadro se agrave”, afirma.

De ahí la importancia de medir la calidad de aire. “La que proporciona información real es la medición anual, producto del promedio de cada 24 horas. Cuando se mide una fecha en particular solo se tienen muestras de la calidad del aire del momento”. (I)