En Ecuador nos llenamos la boca hablando de ecología, contaminación ambiental, protección de la naturaleza, etc. Sin embargo, es una realidad que nuestras ciudades tienen muy poco porcentaje de áreas verdes y que las ciudades se están expandiendo sin dejar pulmones verdes. Y para rematar, como en el caso de Guayaquil, el Municipio de la ciudad está cogiendo los redondeles de los pasos a desnivel de la vía Perimetral y Daule y Pascuales, para hacer construcciones de hierro y cemento, en lugar de haber mantenido esas áreas como pulmones de las vías, ¿donde están los “defensores” de la naturaleza?

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Las casas de muchas ciudadelas son entregadas con jardines que inmediatamente los dueños transforman en granito y cemento. Las pocas áreas verdes de las ciudadelas quieren ser transformadas en áreas de ejercicios, parques de mascotas o juegos infantiles.

Ningún municipio tiene las ganas de reservar hectáreas de tierra para bosques, intocables, solo para árboles, no para canchas de fútbol, estadios, parqueos, canchas de tenis, etc; solo bosque y senderos para caminata, para que quede a futuro en medio de una ciudad. Sectores como La Aurora y Daule están condenados a sufrir graves inundaciones por la continua expansión de conjuntos habitacionales que obligan al relleno de cientos de hectáreas de terrenos bajos, con material extraído de los cerros del sector, ¿visualizan ese panorama?, antes lo que eran cerros y arrozales, ahora es toda una planicie. Queremos lluvias en la Sierra, pero que Dios nos libre del fenómeno de El Niño en la Costa, porque eso sería una catástrofe.

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Por último, no he escuchado decir a ningún ecologista que la manera óptima de tratar de salvar al mundo de la deforestación y el cambio climático es reduciendo o controlando la tasa de natalidad en el mundo. (O)

David Ernesto Ricaurte Vélez, ingeniero mecánico, Daule