Jean-François Revel afirmó en El conocimiento inútil que “la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo actual es la mentira”. Esta afirmación, tan alarmante, nos invita a reflexionar sobre cómo la manipulación de la verdad está contribuyendo a moldear fuertemente a nuestras sociedades y sus decisiones colectivas. Vivimos en una época en que la verdad parece negociable, tiempo en el que la información está más disponible que nunca, pero en el que, paradójicamente, la confusión y la desinformación predominan.
La mentira no se limita a falsedades evidentes al sentido común. También incluye verdades parcializadas, tergiversadas y convenientemente editadas para ajustarse a intereses, valores personales e ideologías. Su impacto es profundo y se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida, pero principalmente en las narrativas de algunos políticos que justifican decisiones cuestionables y propuestas irrealizables. En este contexto, las redes sociales han amplificado la velocidad con la que las mentiras se propagan, convirtiéndose en un terreno fértil para la polarización, el miedo y la desconfianza. El problema de fondo es nuestra comodidad e incluso complicidad al aceptarla, compartirla y, muchas veces, construir sobre ella. Como consumidores de información, quizás porque priorizamos lo que confirma nuestras creencias sobre lo que desafía nuestra perspectiva. En lugar de analizar críticamente, caemos en la comodidad de aceptar aquello que nos resulta más fácil o conveniente. En ese terreno, la mentira florece.
Del estancamiento al crecimiento
Cuando elegimos compartir algo, estamos tomando una decisión que va más allá de un clic. Estamos ayudando a que esa información se propague, sea verdadera o no. Es nuestra responsabilidad preguntarnos: ¿de dónde viene?, ¿qué hechos la sustentan?, ¿cuál es la intención?, ¿tiene sentido?, ¿es algo que construye o destruye?
Combatir la mentira requiere primero reconocerla. Esto implica desarrollar una mentalidad crítica que no se conforme con el titular llamativo, sino que busque la fuente, el contexto y las posibles motivaciones detrás de lo que se comunica. Se trata de promover activamente el conocimiento basado en hechos, datos comprobables y análisis responsables que le brinden certeza a lo que se difunde.
La educación es vital para promover la verdad. Enseñar a las nuevas generaciones no solo a consumir información, sino a cuestionarla, evaluarla y utilizarla con responsabilidad, es una tarea urgente. En un mundo inundado de contenido, el pensamiento crítico marcará la diferencia. Este desafío nos compete a todos.
Ante todo, están llamados a promover la verdad los líderes; ellos deben ser modelos de integridad y acción, comprometiéndose con la calidad y la veracidad de la información.
Tengo la firme convicción de que la mentira no es invencible. Jean-François Revel nos dejó implícita una responsabilidad: combatirla. No como una obligación, sino como un acto necesario para promover la confianza, la justicia y el progreso de la sociedad. Porque, en última instancia, la verdad no solo es un valor: es el cimiento sobre el cual podemos construir conocimiento útil para un mejor futuro. Depende de nosotros. ¿Estamos listos para asumir esa responsabilidad? (O)