Estamos asistiendo a un cambio de paradigma, que implica la transformación de la forma de ver e interpretar la realidad y conduce al actuar colectivo hacia nuevas concepciones y conductas, tanto en lo nacional como en lo global.

Desde la Teoría de Sistemas, el paradigma es el conjunto de métodos, ideas, abstracciones conceptuales, opiniones y percepciones compartidas colectivamente que buscan resolver los retos que enfrentan los pueblos, mediante la comprensión y una estructura de comportamientos aceptados por la mayoría. Bajo dicha premisa y en el contexto nacional, se puede establecer que es fundamental que el Ecuador, inmerso en un mundo interdependiente y globalizante, dimensione sus capacidades y fortalezas para afrontar lo que se viene.

Para estructurar la teoría del cambio que vivimos, yo me permitiría señalar que la sociedad enfrenta un dinamismo que afecta al comportamiento de todos sus componentes, en mayor o menor proporción, pero a una velocidad sin precedentes.

Lamentablemente, muchas sociedades anquilosadas viven una “parálisis paradigmática”, pues son incapaces de superar las limitaciones de su actual situación para evolucionar hacia un nuevo paradigma. Dicha incapacidad para adaptarse condena a las sociedades al fracaso, pues anclarse al pasado, cuando el vértigo del cambio es la constante y no la excepción, no es una opción.

Sin visión de futuro, sin liderazgos ilustrados, sin acuerdos, sin comprender las lecciones de la historia y las realidades que impone el ámbito internacional, las sociedades sucumben a las luchas intestinas.

Cabe recordar la historia del país y buscar aquello que nos hizo patria, aquello en lo que estamos de acuerdo y la causa de la nación por la cual tantos han sacrificado hasta sus vidas. En eso está la esencia de la nación.

Es fundamental preguntarnos ¿cuáles son nuestros mayores retos? La pobreza, el hambre, el subdesarrollo físico y mental, la dependencia, el narcotráfico, la inseguridad, el desempleo, la falta de inversión local e internacional, las brechas en tecnología, educación y salud son solo algunos de los campos en donde debemos buscar soluciones mediante acuerdos nacionales.

En un ambiente electoral polarizado, que fractura por la mitad al país, solo cabe tener la esperanza de que las soluciones que necesitamos sean alcanzables por el bien de todos los ecuatorianos.

En tiempos electorales, teñidos de emociones viscerales, es difícil buscar entendimientos, pero, en los peores momentos de los conflictos y las crisis, hay oportunidades que permiten la búsqueda común de un camino de esperanza para el pueblo.

En un entorno internacional, que he caracterizado de “incertidumbre radical”, parecemos esclavos de las acciones de los otros y no dueños de nuestro destino.

Hay que tener conciencia de nación, en este momento de la historia en que estamos cambiando de paradigmas. Todos debemos poner de nuestra parte para lograr un país que tenga éxito por el bien del pueblo y de cada uno de los ecuatorianos. (O)