Tal vez siempre lo fueron, pero hoy se han tornado más radicales en América Latina y, en el Ecuador, todavía más, cuando una de las dos candidaturas representa, simultáneamente, al poder político actual y al poder económico establecido; la otra candidatura pugna por un nuevo orden social y económico. La Función Electoral –identificada, como casi siempre, con las fuerzas políticas tradicionales y el gobierno de turno– organizó estos comicios al son de la conveniencia de estas fuerzas políticas y adaptando las reglas y leyes en favor de ellas, y singularmente del gobierno en funciones, con lo que ha deteriorado el factor confianza en ella misma. Muchas de las falencias del tal Código de la Democracia se evidenciaron en el debate entre los dos candidatos finalistas, y, pienso yo, está fuera de lugar el convertir este acto, el debate, en un examen de fin de año, con preguntas preelaboradas por la autoridad electoral, el Consejo Nacional Electoral (CNE). En el más notable de los debates, ya antiguos, entre dos candidatos presidenciales, León Febres-Cordero y Rodrigo Borja, fueron los propios candidatos los que interrogaban a su rival. El moderador fue el célebre escritor y periodista Alejandro Carrión. En la ocasión de estos días, los dos candidatos, Luisa González y Daniel Noboa, saltaron las tranqueras preestablecidas, y se enfrentaron casi con ferocidad; nos sorprendieron a los que estábamos acostumbrados a las intervenciones clásicas, pero el debate ganó en realismo, que se prolongará en los días a venir.

Eludir la política exterior

Como las acusaciones llegaron hasta materias de pagos de impuestos familiares y transporte de drogas mezcladas con la carga de banano, la respuesta contra la candidata de la Revolución Ciudadana será, probablemente, terrible, y ya está casi anunciada. Como el tiempo entre el debate y el día de las elecciones es innecesariamente largo, hay ocasión para rudos ataques sobre el pasado y, también, sobre el presente.

El candidato presidente hizo una visita al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; como la visita fue a la residencia vacacional, no ha habido ningún pronunciamiento de la Casa Blanca hasta el momento; todo ha quedado reducido a la exhibición de una fotografía de la pareja presidencial ecuatoriana, en un restaurante, con el presidente estadounidense, y poco o nada se conoce sobre la consecución de fines previstos para la visita, que adquirió el carácter de “oficial” al momento de expedir un decreto autorizando el viaje.

¿Para qué sirvió el debate?

Por otro lado, la Asamblea Nacional declaró que el presidente de la República debe solicitarle licencia para hacer campaña y no incurrir en infracción electoral. Eso conlleva el desconocimiento de una presidenta imaginaria, toda vez que la canciller cumplió su encargo de eliminar, en la práctica, a la vicepresidenta titular ¡por violencia de género!, mediante graciosa sentencia del Tribunal Contencioso Electoral (TCE).

Pocos, pero largos días esperan a los candidatos presidenciales en Ecuador. La candidata en espera de rudos ataques, y el candidato presidente entregando bonos sin medida ni clemencia. Mientras tanto, los electores recibimos cada día una novedad para entretenernos. (O)