El presidente de los Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, está demostrando que “aranceles” es su palabra favorita. Usa los aranceles como punta de lanza para presionar negociaciones de política exterior, no solo comercial. Canadá, México y China son los blancos iniciales de la aplicación de esta herramienta. La apuesta de la Casa Blanca parece basarse en el relativamente bajo peso del comercio exterior estadounidense en el PIB (exportaciones = 10,52 % del PIB e importaciones = 13,55 % del PIB, según cifras del U.S. Bureau of Economic Analysis para el 2024). También supondría que los ajustes en las cadenas de suministros y comercio que estas medidas provocarán serían fácilmente superables y que no habría mayores efectos sobre el resto de la economía de EE. UU.

El efecto Trump en el petróleo ecuatoriano

Tales supuestos serían demasiado optimistas. El reciente nuevo aplazamiento de aranceles a las importaciones provenientes de México parece haber sido consecuencia más de las presiones de sectores industriales de EE. UU. con capacidad de presión política (que ven encarecer sus suministros y/o perder sus mercados), que por la pronta extradición de decenas de mexicanos requeridos por la justicia de EE. UU. Tampoco puede deberse aún al reciente ofrecimiento de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de detener el paso de fentanilo desde su país hacia el mercado estadounidense.

Adicionalmente, los encadenamientos transnacionales hoy en riesgo por subida de aranceles tienen múltiples nexos con la economía. A más nexos, mayor impacto positivo en el empleo y la inversión. Por ejemplo, las exportaciones de las empresas que componen el índice Standard & Poors 500 alcanzan el 41 % de sus ventas. Por tanto, la imposición indiscriminada de aranceles como arma de alineamiento o retaliación geopolítica traería consigo la caída de exportaciones de las empresas S& P. Esto provocaría la caída del valor de sus acciones y con ello, el deterioro de los patrimonios de sus tenedores y un grave impacto en el ahorro e ingreso de millares de estadounidenses.

Las fuerzas de no mercado

Por lo expuesto, el uso de aranceles como arma geopolítica estadounidense terminará aplicándose con mira telescópica: a productos con variada y competitiva oferta proveedora, capaz de sustituir a la proveniente del país penalizado; a productos genéricos, de fácil sustitución por oferta de otros países sin que ello se percibido y/o rechazado por el consumidor; a productos que carezcan del apoyo de grupos de presión estadounidenses. A productos que pesen muy poco en las importaciones estadounidenses y mucho en las exportaciones hacia USA del país a penalizar.

En todo caso, los mayores costos que pagará la sociedad estadounidense por esta medida no son fácilmente cuantificables. Tienen que ver con la mayor incertidumbre para las inversiones en empresas que dependan de proveedores o clientes externos. Con la caída en la productividad y capacidad de innovación en las empresas estadounidenses que terminarán siendo protegidas. En suma, con la caída de la confianza, en un sistema económico que ha basado en ella siglos de creación de riqueza.

Que se impongan pocos. Que se queden en amenaza. (O)