El pasado 11 de octubre vi entrevistar a Optimus, el robot humanoide de Tesla. Lucía cortés y preciso en sus respuestas, además de caminar con naturalidad. Sigue siendo un proyecto en desarrollo, pues es necesario mejorar su fiabilidad, autonomía y uso seguro. Optimus estaría en el mercado en próximos años por alrededor de $ 20.000 y es oportuno mirar el impacto de su llegada en múltiples frentes. Empecemos por las consecuencias que tendrán las ventas de Optimus sobre el empleo de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, fuente de remesas que apuntalan a la mayoría de las economías de Latinoamérica y la nuestra entre ellas.
Se estima que en Estados Unidos viven 50 millones de latinoamericanos. De este total, tienen permanencia legal algo más de 35 millones (Oficina de Política Migratoria de los Estados Unidos, datos del Censo Nacional) y la mitad de ellos son mexicanos.
México, Centroamérica, Colombia, Ecuador, Venezuela, República Dominicana y Cuba originan el 90 % de latinoamericanos en Estados Unidos. Ellos trabajan principalmente en agricultura, construcción, servicios de limpieza, cuidado de personas, manufactura, hotelería y restaurantes, y otros servicios.
Según el BID y el Banco Mundial, los migrantes latinoamericanos enviaron 144.500 millones de dólares a sus países de origen por concepto de remesas el año 2023, de estos, 4.500 millones de dólares al Ecuador. Este flujo de dinero hacia Latinoamérica disminuiría como efecto del potencial reemplazo de mano de obra por la inteligencia artificial robotizada. Los puestos más susceptibles para reemplazar por Optimus y demás humanoides por venir se encuentran en los sectores de manufactura (operarios de líneas de ensamble, controladores de calidad y operarios de bodegas), transporte (conductores de camiones y repartidores de comida y paquetería), servicios (personal de limpieza, guardias de seguridad y asistentes de atención al cliente), construcción (demoliciones, movimiento de materiales y montaje de estructuras sencillas), agricultura (siembra, cosecha y control de cultivos) y minas.
Finalmente, se prevé que durante los próximos diez años los humanoides a laborar en los sectores de la economía norteamericana antes detallados reemplacen a los empleados humanos en proporciones que van del 10 % al 20 % del total de empleos. Esto equivaldría a una disminución equivalente en el flujo de remesas desde Estados Unidos hacia Latinoamérica. En el caso ecuatoriano, si valoramos ese impacto con cifras del 2023, significaría una merma de hasta 900 millones de dólares anuales, algo así como el 90 % del ingreso nacional por exportación de rosas, con la diferencia de que las remesas van directo a consumo.
Que aceptemos que este problema es uno más de la creciente lista de problemas cruciales para los cuales las capacidades de ejecutoria del Estado – Nación, per se, son insuficientes. Que el nuestro cuente entre los gobiernos proactivos que tomen la iniciativa de articular soluciones fruto de la cooperación multilateral para minimizar el impacto de Optimus y demás humanoides por venir sobre los más vulnerables del continente. (O)