“Uno de los criterios establecidos por el presidente Trump en la orden ejecutiva que suspendía las operaciones de Usaid por 90 días era que los programas que continuarían serían costo-eficientes. Pensé que habría mucha apertura para mejorar y reformar. Les tomé la palabra y dije, claro, puedo ayudar. Estaba listo para identificar y reconstituir los programas que valían la pena. Pero nada, cero respuestas, cero diálogo”. Las palabras del execonomista en jefe de la Usaid Dean Karlan son sintomáticas del estado de shock y la candidez de muchos sobre lo que pasa con Trump 2.0.

Válidos, nulos y blancos

Veo que las élites mundiales, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, están esperando que algún milagro pase y vuelva el statu quo, donde Estados Unidos era una potencia hegemónica ambiciosa, pero inefectiva. Todo ha cambiado y creemos entender que EE. UU. se debate entre volver a 1898 cuando intentó ser un imperio o ser Alemania en 1933, planeando imponer su voluntad al este y oeste con ambiciones territoriales y antihumanas. Hay muy pocos ambages en este punto, porque el problema no es solo un líder cuasi-octogenario que olvida lo que dice cada día. Esta administración llegó con un ejército de oligarcas y fanáticos con la misión de romper el sistema desde adentro y lo han logrado. El poder burocrático estadounidense, incluyendo el Pentágono, está cayendo como un castillo de naipes, el peor de ellos es el cambio del comando conjunto de sus fuerzas armadas.

Balotaje

El orden liberal internacional basado en reglas e instituciones ha estado en caída sostenida desde hace tiempo, pero pocos esperaban que bastara un tinglado electoral en el país más poderoso del planeta para derrumbarlo completamente. Es que se les alinearon los astros: la desaceleración económica global tras la pandemia, la sistemática desilusión global con la democracia, el ascenso de regímenes populistas autoritarios de derecha y de izquierda, además del franco deterioro de proyectos de integración y cooperación económica como la Unión Europea, la Unión Africana, la Asean, la APEC generaron el escenario propicio. Un EE. UU. autoritario abre el camino para negociar un triunvirato con China, pero sobre todo con Rusia, para manejar y controlar el mundo que vivimos en áreas de influencia. Sí, Rusia es la principal beneficiada de toda esta debacle porque ha trabajado muy duro para que esto sea así. Años de financiar trolls, medios tradicionales y no tradicionales que favorecían a los candidatos más disruptivos, autoritarios y populistas posibles en todos los países que podía para demostrar que la democracia, las libertades, son solo una ilusión que puede desaparecer en cualquier momento, gracias a una población cada vez menos educada, menos crítica, menos reflexiva, la principal consumidora de sus “noticias” y conspiraciones. El caos internacional en realidad tiene un orden, pero es un orden mafioso –parafraseando a The Economist– que no busca la concentración de poder en un país o en otro, mientras extorsionan a países a cambio que luchan por justicia o por su libertad, como acaba de pasar con Ucrania. La crueldad es el objetivo, no la reforma. Por eso empezaron con la Usaid. Qué mejor entidad para probar su punto. (O)