Si Kamala Harris gana el próximo 5 de noviembre, sería la primera vez que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres arrastre una elección presidencial; y no necesariamente ha sido por iniciativa demócrata. Al inicio de esta campaña, su caballo de batalla era defender la democracia frente al autoritarismo fascista de Donald Trump. Pero para sorpresa de pocos, eso no caló en el electorado estadounidense como la economía o el acceso a la salud reproductiva y familiar.

Kamala Harris vs Donald Trump: en busca del voto joven masculino

Fue el bando republicano el que cambió las prioridades nacionales. Primero, el triunfalismo de Donald Trump, quien, tras el atentado contra su vida que lo puso arriba de las preferencias electorales, empezó a vanagloriarse de haber terminado con el precedente de Roe vs. Wade, que despenalizaba el aborto a nivel nacional, mientras decenas de casos de mujeres desangradas frente a hospitales y clínicas que se negaban a atendarlas se reportaban a nivel nacional. Los casos más dramáticos no eran supuestas “mujeres jóvenes irresponsables”, sino niñas o adolescentes víctimas de violación y madres de familia que estaban intentando tener hijos por inseminación artificial y cuando esta salía mal, no eran atendidas a tiempo y terminaban con los órganos reproductivos destrozados. Otra fibra fue tocada cuando muchas familias estadounidenses se dieron cuenta de que ni siquiera la inseminación artificial y la vida de madres de familia están fuera del autoritarismo republicano.

Trump y los latinos

Finalmente, el propio candidato vicepresidencial de Donald Trump, J. D. Vance, dio el autogolpe de gracia. Su insistencia en entrevistas pasadas y presentes de que las mujeres que no tienen hijos son un “problema para la sociedad” –o tienen “algún problema mental”, como en algún momento dijo en una de sus virales intervenciones– ha sido suficiente para movilizar a millones de mujeres jóvenes, de mediana edad y hasta mayores de 65 años, para hacer campaña por Harris. La proporción de mujeres registradas y que planean votar se acerca al 90 %, todo un récord en Estados Unidos, donde hasta el 2000, el porcentaje de mujeres que votaban apenas era superior al 50 %, dependiendo de la elección. El 56 % de ellas piensa que esta elección será determinante para establecer si tendrán derecho y acceso a decidir sobre su salud reproductiva. Y la diferencia entre preferencias partidistas será fundamental, ya que el 90 % de las mujeres pro-Harris piensa que esta es una batalla por su vida misma, mientras que apenas el 42 % de las mujeres pro-Trump pone este tema como prioridad.

Harris o Trump: ¿qué es mejor para Latinoamérica?

Grato ver cómo Kamala Harris y los demócratas han tomado la bandera de las mujeres y familias vulneradas en sus decisiones más íntimas, poniéndolas a ellas como protagonistas, incluso aceptando insultos en el proceso. Un sano ejemplo para el Ecuador, donde este tema –que es fundamental para el ejercicio pleno de libertad, seguridad y salud de las mujeres– es peleado en el terreno solo por organizaciones valientes como Fundación Desafío, la Coalición de Mujeres, Surkuna, y otras, y donde el debate público más bien es saturado por mujeres políticas, acusándose entre ellas de supuesta violencia de género. (O)