En los últimos momentos del año me encontraba en la playa, leyendo un libro antes de la celebración que vendría más tarde. En medio de esa calma, hice una llamada a un gran amigo. Fue una conversación sencilla, cargada de empatía, de escucha y de cercanía. Al colgar, quedó una sensación clara: a veces basta un instante así para recordar lo verdaderamente importante.

De esta llamada surgió una idea simple y poderosa: el año que está por comenzar es, ante todo, un nuevo comienzo.

Eso es lo que representa el año nuevo. Una oportunidad para iniciar con alegría, con ilusión y con optimismo. Una página en blanco que se abre frente a nosotros, hecha de decisiones y acciones que todavía están por tomarse.

Las celebraciones cumplen también un rol silencioso pero profundo. Nos permiten hacer una pausa para liberar el estrés, soltar tensiones acumuladas y tomar distancia de aquello que no salió como esperábamos. Crean un entorno propicio para reconciliarnos con el año que termina y para volver a mirar hacia adelante con mayor apertura. En ese clima, lo positivo fluye con más facilidad y aparece la disposición a comenzar de nuevo.

Siempre es posible reinventarse. Siempre es posible comenzar de nuevo. Siempre es posible volver a elegir. Siempre es posible hacerlo, en cualquier momento de la vida.

Sin embargo, el fin de año y el inicio de uno nuevo ofrecen algo especial: la posibilidad de hacerlo como un hito. Un punto de partida simbólico que nos invita a mirar hacia adelante con intención. El 2026 se abre como un espacio lleno de oportunidades para las personas, para las empresas y para el país.

Se abren un sinnúmero de posibilidades para quienes decidan comenzar con optimismo, con ilusión, con sueños grandes y con metas ambiciosas, y para quienes elijan recordar el propósito que da sentido a lo que hacen. El país, como las empresas y, en general, todos, tenemos por delante retos que plantean una oportunidad para enfrentarlos con visión, liderazgo y responsabilidad. Arrancar así es una manera intencional de empezar, una manera valiente, una manera que impulsa a construir mejores resultados.

Las grandes transformaciones no comienzan con certezas absolutas, sino con una decisión: animarse a abrir una nueva etapa con energía renovada y una mirada fresca sobre la realidad.

Cuando observamos a los grandes líderes de la historia y a quienes han impulsado transformaciones profundas, aparece un rasgo común. No es la ausencia de errores ni la infalibilidad lo que los caracteriza. Es algo más simple y poderoso: la capacidad de volver a empezar, de redefinir problemas, ajustar planes y renovar la energía para avanzar con convicción. A eso le llamo la capacidad de reiniciar. Como lo expresó Viktor Frankl: “Cuando ya no podemos cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”

El inicio de un nuevo año nos recuerda precisamente eso: que, aun cuando no todo dependa de nosotros, siempre existe un margen de elección. Ahora, primeros días de enero, se presentan como una invitación a un nuevo comienzo, una nueva historia. (O)