Existe honda preocupación por los recientes acontecimientos meteorológicos y hasta climáticos, los primeros reflejan magnitudes atmosféricas en un momento dado, mientras los segundos tienen mayor duración como para definir una temporada, las predicciones de organismos públicos nacionales e internacionales vinculados con el tema son desmentidos por la realidad. Por ejemplo, para las últimas semanas se había previsto lluvias inferiores a los promedios de años anteriores, pero resultó que han predominado las precipitaciones intensas que han ocasionado daños materiales y humanos de consideración en las distintas regiones del país, con un mes de febrero calificado como uno de los más lluviosos de los últimos años, alterando los planes agrícolas, las altas temperaturas del mar han continuado afectando a la pesca, los especialistas no atinan con sus presagios a veces tremendistas que felizmente no han acontecido, como la llamada “tormenta perfecta” de lluvias y crecidas vaticinadas para la última semana.

La existencia del cambio climático mundial es innegable, expresado por el constante calentamiento del planeta, consecuencia de la mayor emisión de gases de efecto invernadero que ha roto el equilibrio entre la difusión de CO2 a la atmósfera y su captación de distintas formas por la Tierra. Uno de los efectos más visibles es el hecho que hay regiones en el mundo típicamente templadas con cosechas similares a las regiones tropicales, como los mangos producidos en Italia, con un sabor y textura comparables al mejor ecuatoriano o mexicano, clara demostración de que los vegetales tropicales han emprendido una lenta migración hacia zonas más frescas, lo cual es notorio en especies más delicadas o sensibles como el mango.

Tanto es así que desde el año 2012 viene operando una asociación de agricultores bajo la denominación de Asociación Española de Tropicales (AET), que ha demostrado dinamismo y eficacia para promover el desarrollo de cultivos de clima caliente en áreas atlánticas y mediterráneas, como las provincias ibéricas de Cádiz y Huelva.

Una investigación de la Universidad de Exeter, en Inglaterra, determinó que para 2080 será insostenible para zonas de América Latina y el Caribe seguir cultivando musáceos comestibles, debido al aumento de las temperaturas que trae consigo el cambio climático. Se reducirán las mejores áreas para el crecimiento y el rendimiento del banano, además de aumentar la exposición de los habitantes a temperaturas extremas. Conforme lo señala el periódico virtual El Productor, Ecuador sufrirá reducciones importantes en cultivos como el plátano, de gran trascendencia en el consumo interno y exportación, con presencia mayoritaria en la provincia de Manabí, donde fuertes vientos han acarreado caída de plantas estimada entre 50 % y 70 % de la superficie sembrada, notándose un alza desmedida en la cotización de la fruta, por la imperante escasez.

Se proponen varias estrategias de adaptación, como la ampliación de la infraestructura de riego, la obtención de variedades tolerantes al calor y la sequía y el apoyo directo a los productores para gestionar con éxito los riesgos climáticos. (O)