Al inventarme la palabra del título de este texto, trato de resumir el cambio en el ejercicio de la geopolítica (influencia de las dinámicas geográficas en la gestión del poder a nivel global), por parte del presidente de los Estados Unidos de América (EE. UU.), Donald Trump. A la amenaza recurrente de imposición de aranceles que revisamos en “La palabra favorita” (columna publicada el viernes 14 de marzo de 2025), se suma la combinación de sanciones e incentivos comerciales a terceros países para lograr objetivos estadounidenses. Veamos el alcance que toma esta nueva manera de gestionar el poder político entre naciones y sus implicaciones para Ecuador.

Esta semana, Estados Unidos pasó de la amenaza arancelaria a dictar una mezcla de sanciones e incentivos comerciales para lograr sus objetivos de política internacional. Me refiero a dos casos en que Washington trata de alinear el interés de Estados y corporaciones por el mercado y los activos estadounidenses con su agenda de objetivos en política exterior. Estos son dos ejemplos claros de trade-política:

EE. UU. acaba de imponer 25 % de aranceles a los países que le compren petróleo a Venezuela. En este caso estarían China, Rusia, Vietnam, España, Malasia, Singapur y Cuba, que importaron petróleo de Venezuela en 2024. Al mismo tiempo, otorgó una nueva prórroga a la licencia específica de Chevron, petrolera estadounidense, para que opere en Venezuela. Esta licencia le permite operar a la petrolera, pero le restringe el pago de impuestos y beneficios al Gobierno venezolano y/o entidades relacionadas.

En otro caso, EE. UU. levantará sanciones a Rusia para que comercialice productos agrícolas y fertilizantes, según lo resuelto por expertos de ambos países en las reuniones dadas en Ryad, Arabia Saudita, entre el 23 y 25 de marzo. Lo acordado compromete a EE. UU. a ayudar a Rusia a recuperar sus exportaciones agrícolas y de fertilizantes a nivel global y para ello facilitará: el acceso de estas exportaciones a puertos marítimos, la reducción de costos de seguros marítimos de transporte y el acceso de bancos rusos a las plataformas de pagos para las transacciones respectivas. A cambio, las partes garantizan la navegación segura de buques comerciales en el mar Negro y no atacar instalaciones energéticas de Rusia y/o Ucrania. Si bien este acuerdo fue rechazado horas después por la Unión Europea, pues no incluye el retiro ruso de Ucrania, es un ejemplo claro

de los medios en los que EE. UU.

basará el logro de sus objetivos políticos globales.

Si el 20 % de las exportaciones ecuatorianas van a EE. UU., de lo cual depende, por ejemplo, el empleo de decenas de miles de mujeres jefes de hogar (condición evidente en productos como las rosas, lomos de atún precocido, brócoli congelado, entre otros), los líderes ecuatorianos deben analizar prontamente los riesgos y las oportunidades que presenta la estrategia trade–política iniciada por su principal socio comercial.

Que quien gane las presidenciales de abril navegue con éxito en estas nuevas aguas, de tal forma que, luego de su gestión, pueda evidenciar más que un “pero tenemos carreteras” o un “pero tenemos dolarización”. (O)

X: @FNavia