Las flores amarillas, rojas y lilas resaltan en medio del verdor de las jardineras de la Academia Young Living, ubicada en Chongoncito, al oeste de Guayaquil. Son plantas nativas del bosque seco sembradas con el objetivo de preservar el ecosistema endémico de la Costa del país.

El Laboratorio Vivo de Plantas Nativas es un proyecto de paisajismo desarrollado por las fundaciones La Iguana y Young Living. Otro de los fines es dotar a los alumnos de la institución educativa privada y de la comunidad de Chongón de herramientas de aprendizaje con la sinergia que hay entre la flora y la fauna local.

Andrea Fiallos, presidenta de la fundación La Iguana, afirma que en los últimos ocho años se ha hecho investigación del bosque seco tropical con la intención de educar y ofrecer las especies que alberga para jardines privados y públicos con fines de conservación. La idea es esparcir las funciones de estas plantas y su utilidad.

“La mayoría de las flores de las plantas herbáceas son polinizadoras, entonces al incoporarlas en los jardines no solo tenemos el aporte estético, sino todos los beneficios ecológicos, con visitantes que probablemente ya no están en las ciudades por el ruido, la contaminación y la introducción de especies de flora, incluso algunas de ellas pueden ser invasoras o requieren de pesticidas que ahuyentan a la fauna”, dice.

Publicidad

Una planta nativa colocada en el contexto adecuado atrae a los insectos benévolos como las mariposas, abejas, avispas, colibríes y otros. “Es una interacción interesante que se ve a diario. Trabajamos con un diseño que se llama nuevo naturalismo, una tendencia mundial en las ciudades sostenibles, donde se va incorporando el bosque nativo, lo que genera bienestar en la población”.

Este concepto, dice Fiallos, no implica jardinería geométrica con plantas estáticas. La idea es recrear en los jardines lo que sucede en la naturaleza. Gramíneas combinadas con flores exuberantes y coloridas dan volumen al área verde siempre con la libertad de crecer juntas sin un orden aparente. De ahí que no se haga una poda perfecta de las plantas importadas y el césped.

La especie damiana (Turnera diffusa) florece en los jardines de la Academia Young Living. Foto: CORTESÍA Fundación Young Living Academy

Andrea Ollague, directora de la Fundación Young Living, contactó a Fiallos hace un año, en medio del confinamiento por la pandemia del COVID-19. La intención era dar más peso científico al programa de huertos de la institución, aprovechando que los estudiantes estaban en sus clases en línea.

Así surgió el proyecto para que “los chicos puedan aprender a través de la naturaleza, hacer las observaciones de los animales que se benefician de estos jardines y los otros atributos para los seres humanos, como la producción de miel”, indica Fiallos.

El plan incluye asesoría para el mantenimiento de las áreas verdes que rodean las instalaciones del establecimiento educativo. Para los alumnos de la Academia Young Living, habrá el factor sorpresa cuando ya retornen a las aulas y se topen con este ecosistema, que creció cuando estaban confinados en sus hogares.

El periodo de crecimiento depende del tipo de sustrato y del acceso, al inicio, a sistemas de riego por goteo. Puede tardar, indica Fiallos, hasta dos meses desde la siembra. “No se utilizan agrotóxicos, sino solo insumos orgánicos; al ser propios del suelo y de la zona requerirán menos agua y de fertilizantes, lo que los hace más económicos de mantener”, añade.

El Laboratorio Vivo de Plantas Nativas incluye 25 especies herbáceas del bosque seco tropical. Foto: CORTESÍA Fundación Young Living Academy

Al factor ambiental se suma la valoración turística, ya que los visitantes apreciarán plantas que nunca antes han visto, que solo crecen en el bosque seco, ecosistema sobre el que está asentada en parte la ciudad de Guayaquil. “Falta generar más interés de la población, lo que es clave para que exijan a sus municipios que hagan lo que es beneficioso para el ambiente y la salud de los habitantes”, dice Fiallos.

El equipo incluye al arquitecto Segundo Andrade, director de paisajismo nativo e infraestructura verde, y a Fortino Acosta, consultor y diseñador de infraestructura verde de la fundación La Iguana.

A Ollague le impacta cómo con estas plantas se evidencia el arribo de fauna que antes no se observaba, como las abejas y una variedad de mariposas. “Hay una planta llamada la flor de ají, que tiene flores rojas que invitan al colibrí; cuando tenemos visitantes se sorprenden. Esto bien puede copiarse para que existan más laboratorios de flora nativa en otras unidades educativas y en las zonas urbanas públicas”. (I)

Las flores de los jardines del establecimiento educativo. Foto: CORTESÍA Fundación Young Living Academy